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¿Cómo salvaguardar nuestras tradiciones?

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La gastronomía es uno de los componentes que nos identifica como dominicanos. Si hablamos de un mangú con “los tres golpes” para desayunar o de unas ricas habichuelas con dulce en Semana Santa, es probable que rápidamente acierten sobre nuestra nacionalidad en cualquier parte del mundo sin que tengamos que mencionarla.

Sin embargo, con el paso del tiempo, algunas de nuestras tradiciones se han ido perdiendo. Por esa razón hace falta poner el tema sobre la mesa y buscar soluciones que permitan reapropiarnos de ellas y adoptarlas como patrimonio inmaterial de la sociedad, que es justo lo que buscan impulsar expertos en el área culinaria del país con la séptima edición del Foro Gastronómico 2021, a celebrarse a partir del próximo 13 de marzo.

Para Bolívar Troncoso, presidente de la Fundación Sabores Dominicanos, el motivo principal por el que el arraigo a las costumbres y los saberes culinarios va cambiando cada vez más de generación en generación es la influencia de otras culturas en el país, como la anglosajona, por ejemplo. Y es que, según explica, ahora existe una tendencia de consumo de comida rápida que no era tan común en años anteriores.

La evolución de la sociedad y las migraciones son otras razones que cita. “Cuando los dominicanos van a otras naciones se ven forzados a adecuarse a otra gastronomía. Lo mismo pasa cuando la gente del Sur del país, por ejemplo, viene a trabajar a Santo Domingo. Ese desplazamiento genera limitación en adquirir los platos que son tradición en su región”, dice, añadiendo que el nivel educativo que exigen estos tiempos también incide, pues cuando un joven se educa, se profesionaliza y trabaja es más difícil para los padres o abuelos inculcar y mantener una costumbre en ellos.

Si bien platos como “la bandera” (arroz, habichuelas y carne), el sancocho y el mangú han trascendido con el paso de los años a países extranjeros, el director operativo de referida fundación, Juan Febles, destaca que la gastronomía criolla es bastante diversa. “Además de esos tenemos una gran cantidad de platos: los diferentes tipos de locrios, el asopao, el chen chen y el chacá, que son parte de nuestra cultura”. En la parte de los postres, cita el jalao y el majarete, delicias que también vale la pena dar a conocer en el ámbito mundial.

Para darle ese impulso internacional que necesita la cocina local, el también presidente de la escuela A&B Masters, dice que hace falta establecer políticas desde el Ministerio de Turismo, dirigidas a promocionar la gastronomía como uno de nuestros atractivos. Pero para eso hay que preparar a los hoteles y restaurantes, de cara a que puedan ofrecer buenas propuestas.

Contribuir a salvaguardar nuestros platos y tradiciones culinarias es otro eje que puede trabajarse desde el Estado. En primer lugar, enfatiza en la intención de fortalecer las ofertas de desayuno y almuerzo a base de productos locales en las escuelas. A nivel de educación superior, sugiere incluir en todas las carreras culinarias varias materias relacionadas con la gastronomía nacional, mientras que, en el ámbito técnico y profesional, una buena idea es desarrollar programas y diplomados dirigidos a formar personas en la preparación de platos autóctonos.

Está claro que mantener vivas las tradiciones culinarias es un trabajo que le compete a todos, pero ¿qué se puede hacer? En palabras de Febles, la mejor forma de contribuir es preparando platos dominicanos en casa y enseñando a los niños y jóvenes a valorar las tradiciones. “El mayor aporte que puede hacer una madre a la salvaguarda de nuestras costumbres es enseñar a su hijo a valorar lo nuestro. La gastronomía es cultura, y la cultura se traspasa de generación en generación”, concluye.

La cocina dominicana se fortaleció con la pandemia. Al menos así lo concibe Bolívar Troncoso, quien destaca que el hecho de que no pudiéramos salir a restaurantes hizo que las personas se encariñaran más con preparar sus propios alimentos en casa. “Quienes a lo mejor no tenían la costumbre de cocinar empezaron a buscar recetas, a experimentar y probar nuevos sabores”, dice. Para él, la pandemia dio la oportunidad a las personas de conocer lo divertida y fácil que es la cocina criolla, además de que puede ser considerada una actividad familiar para estrechar lazos.

Por Laura Ortiz Güichardo Diario Libre